"Porque los ratos para el arte son ratos robados a la vida: paréntesis en la prosa grisácea del día a día."

Sir Percival de Garethland von Liekest - Prosa Medieval -

sábado, noviembre 17, 2007

Creces

El señor director se complace en presentar una de sus obras más aclamadas por la crítica internacional. Sin más preámbulos,

'CRECES'


.....La noche, ya de por sí oscura, lo es todavía más debajo del edredón. La ventana está empañada y no deja ver el exterior. La niña resguarda un pie despistado en la bolsa de calor que queda entre la cama y las sábanas, guardando mucho cuidado de no dejar ningún hueco por el que el frío pueda colarse. Cuando saca la cabeza de su refugio de oscuridad, comprueba que su hermana está dormida. Suspira y se queda contemplando cómo los coches, desde la calle, trasladan su ventana hecha luz por el techo de la habitación.

La primera lágrima, cuyo calor hace contraste con el frío de la estancia, casi la sorprende. Cuando la deja escapar, todas las demás, contenidas a lo largo del día, fluyen detrás de ella y van colmando las cuencas horizontales de sus ojos. El techo y la ventana de luz viajera se difuminan. Un parpadeo, y las lágrimas humedecen sus sienes y se cuelan en los oídos; y cuando cambia de postura y se tumba de lado, llegan a sus labios y dejan allí el recuerdo de su sal amarga, sabrosa tarjeta de visita. Algunos cabellos mojados se le pegan a la cara. Un primer gemido es corto y débil, lo justo para no despertar a su hermana, cuyo sueño, que conoce bien, es muy poco profundo. Ella haría preguntas y no entendería bien el porqué. Todavía es un poco pequeña.
Aprieta los dientes y aplasta la cara contra la almohada para amortiguar los quejidos. Se da al llanto. Sacudida a sacudida se va desahogando; el tiempo le ha enseñado a llorar en silencio; a llorar para ella, porque sólo ella se entiende y ni siquiera eso. Con las lágrimas que van quedando en la almohada y refrescan su cara prensada contra ella, queda su tristeza, que se evapora lentamente.


Ya de madrugada, sólo quedan hipos intermitentes y ojos secos y con legañas. La mujer respira hondo y se siente un poco más segura. Poco a poco y con cariño de madre, el sueño la envuelve y la arropa; la mece, la hace suya suavemente.

- Max Estreya -

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